La locura de amar

Estábamos en un pueblo pequeño, pero lleno de magia, de sabor, de secretos... Mi hermano y yo llegamos a éste lugar en vacaciones, las clases ya habían terminado y decidimos irnos a descansar con la familia, la ciudad ya nos había aturdido un poco, todo era monótono: inseguridad, corrupción, bestias, caníbales; me fastidiaba vivir en una urbe demencial. Otra razón por la que elegimos venir aquí es porque mis abuelos ya están grandes, así que podríamos hacer cuanto quisiéramos, podríamos burlar sus reglas y divertirnos, que finalmente, eso era lo que buscábamos de éstas vacaciones, además, al ser mi cumpleaños supuse que era justo que me divirtiera más que en cualquier otra fecha. Mis padres seguían trabajando en la ciudad, así que no representaban ningún obstáculo en nuestros planes.

Allá tengo algunos amigos, así que estuve planeando una fiesta a la
que fueran todos los jóvenes del pueblo, sería una fiesta digna de todo rockstar. Ya que había logrado que mis abuelos dejaran la casa sola para hacer la fiesta, les avisé a mis amigos qué día sería y los dejé invitar a más conocidos suyos. Ana se acercó a mí y acordamos una apuesta. Ésta consistía en que me besaría con todos los chicos. Sería fácil ya que, al ser yo forastera, llamaba su atención. Era como el juguete nuevo con el que todos querían –y debían- jugar.

Puse un plan previamente meditado en marcha. Fui de mesa en mesa a
tomarme una copa con cada chico, después de un guiño ya lo tenía rodeándome con sus brazos. Más sencillo de lo que pensé, pero después de 7 tragos no podía sostenerme, tambaleaba y reía como loca, sin saber lo que encontraría frente a mí.

Y así fue como lo conocí. No lo había visto jamás, ya llevaba 3
días en el pueblo, que no era más grande que la colonia en la que yo vivía, y jamás había notado a alguien como él, que para ser un pueblerino, era demasiado apuesto, además era caballeroso, cosa que en estos tiempos es difícil de hallar, contaba con una agradable charla, me hacía reír, pero sobre todo, desnudaba mi alma. Yo soy muy fría, en ocasiones insensible y dura ante la pupila ajena, y me sorprendió que él pudiese descifrar mi silencio, sus ojos se convirtieron en mi espejo favorito, me olvidé de todos, de todo, ellos estaban ahí para festejarme, pero a mí el único que me importaba era él, tenía un encanto difícil de describir, no soy capaz de recrear la conversación que tuvimos aquella noche, sin embargo, recuerdo fielmente cada instante que a su lado pasé. Sé que me llevó a la azotea de la casa, sus labios acariciaron mi mano pidiéndome dulcemente que le concediera una pieza, tan sólo una nota bastó para que yo comenzara a quererlo, todo sucedió al danzar bañados con el fulgor que la luna hacía el favor de prestarnos. Él fue lo mejor de la noche. Su voz era tan deliciosa y tenue, sin perder esa virilidad que me hacía sentir protegida a cada palabra dicha. Todo era un alud de sentimientos dentro de mí. Me meció hacia el infinito cuando comenzó a cantar, no recuerdo qué canción era, había bebido mucho, sólo recuerdo que la sensación que me dejó fue de un éxtasis tan poco relatable de lo estupendo que fue. Supongo que así se debe sentir el amor.

Después de esa noche, de aquella bendita noche, pregunté a mis amigos
si alguno de ellos lo había invitado, pero nadie recordaba haberlo visto antes, jamás habían visto a alguien como él, creo que quizá es mi error, lo recuerdo tan apolíneo que seguramente arreglo su imagen de más, lo describo como un príncipe azul, tan hermoso que hasta Cenicienta queda imperfecta a su lado, tan especial que no sé si yo lo merezco. Pasaron varias semanas. Nadie supo decirme algo de él. Se me hizo eterno el tiempo sin saber nada, entristecí demasiado, tanto que en cierto momento no lo pude ocultar. Mi abuela lo notó y quiso tener una plática conmigo, yo no quería, me rehusaba, ¿por qué debía hablar con ella de algo que sólo a mí me afectaba? ¿Quién es ella para pedirme una plática en medio de mi dolor? Sin embargo, sabía que me
hacía falta desahogarme, tener el consejo de alguien, así que
acepté, tuve que tragarme mi orgullo, finalmente no engorda, y seguí con el juego. Fui a su habitación y me estaba esperando, estaba sentada en aquella mecedora que mi abuelo se robó del despacho de su jefe, un hacendado con mucho valor comercial, pero poco valor humano, en fin, atravesé su cuarto y me pidió que me sentará en el suelo, ella comenzó a hablar, al principio parecían ideas sueltas, frases sin ton ni son, pero conforme fue avanzando la plática todo cobró sentido, me contó cómo fue que conoció a mi abuelo, su primer beso, el amor que, aún después de tantas décadas le sigue guardando, todo era tan especial, así me sentí yo al lado de él, por como ella lo platica, creo que estoy enamorada. Sí, lo sé, fue tan sólo un par de horas el tiempo que estuve con él, ¿Pero quién dice que existe un tiempo predeterminado para comenzar a amar a alguien?

Después de la charla con mi abuela, sonó el teléfono, era Víctor,
mi hermano. En la mañana fue al centro del pueblo, quería comprar un par de regalos para mis padres, pero por andar bebiendo con sus amigos se le olvidaron las llaves dentro del carro, así que me marcó para que le llevará el otro juego de llaves, pero como le urgía, tuve que ir corriendo, en eso decidí tomar un atajo, doblé rápidamente a la derecha en una cuadra que según yo me conduciría más rápido con mi hermano, pero nada fue así. Era una calle muy fea, como la parte abandonada del pueblo, jamás había pasado por allí y noté un edificio limpiamente blanco, contrastaba con todo a su alrededor, parecía un palacio. Me quedé asombrada, la escena era apantallante.
 
Pero lo peor estaba por venir, vi salir de ahí a mi príncipe, que también vestía de blanco, me miró fijamente, yo no pude hacer lo mismo, me conformé con mirarlo de reojo, su inmaculada perfección se había evaporado, lucía demacrado y cansado, creo que más delgado también. Seguí mi camino, no quería más falsas ilusiones. Él me 
siguió, sus miradas eran una daga filosa que se enterraban poco a
poco dentro de mí, la daga contenía un veneno voraz, sabía qué decir para que yo riera, llorara e incluso amara. No pude resistir, no soy de una voluntad fuerte y mucho menos a su lado. Reí y él notó mis nervios, acarició mi mejilla derecha con su dedo índice y saboreo mis labios con sus pupilas, esas en las que yo amaba reflejarme. No titubeó mucho en complacer a sus sentidos y me besó, no fue algo apasionado, más bien fue delicado, absorbió mi aliento lentamente. Fue un roce que se fundió al vapor de nuestras almas, tan hambrientas de olvido y tan sedientas de locura, que en busca de nuevos aires se encontraron a su paso con un destello de luz, un tornado de amor que pocos creen real.

Nos miramos un instante, un segundo, un momento que recordaré por
siempre, mi mente desvarió y eché a correr, debía seguir mi camino, mi hermano me esperaba, o al menos esos fueron los pretextos que puse para evitar formalizar o acordar una cita, yo quería olvidarlo, pero sabía que no era algo fácil. Le pedí a mi hermano que me llevase con mi abuela, a ella le conté del lugar blanco que había visto, tan parecido a como yo imaginaba que el paraíso es, ella puso cara de terror, me hizo prometer que de ningún modo volvería a ese lugar, yo accedí, estaba realmente asustada, su rostro desencajado me envolvió en una atmósfera pavorosa.
-¿Por qué ese lugar es tan peligroso, abue? le pregunté. Ella agachó la mirada y dijo que esperaba que no volviera a acercarme a ahí, que anduviera con cuidado, ya que ese lúgubre lugar era un… manicomio. 
 
¿¡Qué!? ¿Mi chico era un…loco? ¿Estaba enfermo? ¿Por eso vestía de blanco? ¡Demonios! ¿Por qué nunca lo sospeché? Ahora… ¿qué hago?
Me arrepiento tanto de no haberle pedido su nombre. Mi abuela dice que
todo tiene una razón de ser, que lo olvide y siga con mi vida, yo no estoy tan segura de poder hacer eso, finalmente
¿quién está más loco? ¿Un hombre incomprendido o una mujer enamorada?
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Bueno, a  ver qué opinan de mi cuentito, no pensaba publicarlo, pero la nueva amiga imaginaria Haku me convenció, así que aquí lo tienen n.n
P.D: Se aceptan quejas y sugerencias...

3 Comentarios.:

Betzabé!!! dijo...

ayyyy no se ve bien :'( Quería entenderle pero soy media sope ara estas cosas y pies me perdí :S

Ahí si puedes arreglarlo (¿algo más, capitán xD) y me paso a comentarte, ¿vale?

Haku dijo...

waaaa como crees? ninguna queja esta super duper hiper mega chiriduquiiis me encantaaa, bueno me quedo con ganas de saber si hay continuación pero hasta donde es la verdad me encantó, me imaginé cada cosilla y el shikito baby wuaa asombroso he, además con eso del manicomio recordé la de Verónica decide morir de Paulo Coelho y bueno por lo que se dice que los que están dentro de un maniocmio están menos locos que los de fuera XD apoyo la motion, he he valió la pena convencerte me encanta como escribes! Gracias por exponerlo y de verdad fue agradable leerlo, espero leer más de tus textos pronto, salu2!

Winterchaos dijo...

Yo soy tu fansss, may n.n